jueves, 21 de febrero de 2013

Al despertar

Al despertar no había nadie a mi lado, ni mi mujer ni mi perra. La oscuridad, solo penetrada por los rayos de luz fría que entraban por las rendijas de la persiana, era inusualmente silenciosa. Pensé en incorporarme, pero me encontraba atado a la cama por las ligaduras invisibles del desánimo. Sentí resbalar lágrimas por las mejillas. Sentí mi cuerpo saltar por los espasmos de los sollozos. El frío me invadió... Empecé a recordar. No tengo mujer, no tengo perra, no aguantaron a mi lado, demasiada tristeza. No tengo casa, no tengo cama, no tengo nada. Solo un albergue del que tengo que salir en cuanto suene la señal. Pero hoy todo va a cambiar. Me vestiré en un rato, cogeré la mochila, saldré a la calle y caminaré junto al mar por el paseo hasta llegar al borde del espigón. Hoy me espera una sirena... Ya oigo su dulce canto de llamada.