Las élites existieron siempre. Uno va a un pequeño pueblo en cualquier parte y siempre hay alguien que tiene más predicamento, que tiene más influencia, que vive mejor, en definitiva. Siempre me pregunté que habría que hacer para pertenecer a esa élite. A lo mejor incluso pertenezco a alguna a los ojos de los que son más desfavorecidos. Pero no creo...
Pertenecer a una élite es también una cuestión de actitud personal elitista. Una actitud como de no tener intención de mezclarse con otros. Una cosa como si la relación con los demás fuera a estropearte el flequillo. Es una pose, una postura, como la de Aznar en cualquier foto, que todo parece que le huele mal, que te incita a separarte de él si estás cerca. Hay otros ejemplos de esta actitud en otros segmentos de la podrida política nacional e internacional. Pero es que el amigo Aznar tiene una cara de asco que lo pone en cabeza de las personas elitistas y desagradables. Cómo nadie pudo haber metido una papeleta en una urna para elegirlo...
Puede que lo que se espere de un político aguerrido sea precisamente su aspecto de militar distante. Aznar adopta poses iguales a las de Franco, Hitler o Stalin. Poses caudillistas que gustan tanto a la población indígena en España. Que gustan tanto a la misma chusma (con perdón) que iba a la plaza de Oriente a vitorear a Franco o que reían y jaleaban, pocos años más tarde, los comentarios graciosos de Alfonso guerra cuando hablaba de la derechona.
Vivimos en el país más complejo del mundo, sin duda alguna. Todavía no puedo entender como no nos desintegramos todavía y pasamos a ser un territorio de tribus salvajes... Algo bueno tendremos oculto.Muy, muy oculto...
sábado, 8 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Actitudes
Ayer en un grupo de facebook de mi ciudad, en el que tonteo de cuando en cuando, pedí explicaciones a los administradores sobre la absoluta permisividad con las formas de algunos miembros, que hacen descalificaciones personales de otros integrantes por el mero hecho de ser de opinión diferente a la de ellos.
La permisividad es una actitud de moda. Es un asunto parecido a aquello de la tolerancia. No permitir, o no tolerar es carca y trasnochado, sin embargo, lo contrario, es decir, permitir y tolerar resulta moderno y progresista. De donde coño se habrá sacado una idea semejante. ¿Es carca no tolerar que un vecino ponga música a todo volumen en la madrugada? ¿Es algo trasnochado no permitir carreras de coches en una autopista? No, claro que no.
Yo propongo que en lugar de permitir o tolerar, se utilice otro verbo: respetar. Este verbo es claro como el agua (clara, claro). Es siempre positivo. Veamos algunos ejemplos:
1) Debe respetarse el descanso de las personas en la noche
2) Respetar las normas de circulación es obligatorio
3) Respetar las opiniones de los demás es deseable
4) No respetar la dignidad de las personas está prohibido en este foro
Y muchas más. Por eso yo prefiero que se exija respeto a esa cosa moderna de permitir o tolerar. A quien me respeta se lo tolero y se lo permito todo. A quién no lo hace lo trato como un proscrito.
Y ya está.
La permisividad es una actitud de moda. Es un asunto parecido a aquello de la tolerancia. No permitir, o no tolerar es carca y trasnochado, sin embargo, lo contrario, es decir, permitir y tolerar resulta moderno y progresista. De donde coño se habrá sacado una idea semejante. ¿Es carca no tolerar que un vecino ponga música a todo volumen en la madrugada? ¿Es algo trasnochado no permitir carreras de coches en una autopista? No, claro que no.
Yo propongo que en lugar de permitir o tolerar, se utilice otro verbo: respetar. Este verbo es claro como el agua (clara, claro). Es siempre positivo. Veamos algunos ejemplos:
1) Debe respetarse el descanso de las personas en la noche
2) Respetar las normas de circulación es obligatorio
3) Respetar las opiniones de los demás es deseable
4) No respetar la dignidad de las personas está prohibido en este foro
Y muchas más. Por eso yo prefiero que se exija respeto a esa cosa moderna de permitir o tolerar. A quien me respeta se lo tolero y se lo permito todo. A quién no lo hace lo trato como un proscrito.
Y ya está.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Alivio
Allí estaba con los ojos vendados y atado a la cama con ligaduras de cuero. Desnudo y amordazado, esperaba la llegada de ella, el ama.
Sus dos ángeles negros me habían preparado. Me recibieron enfundadas en látex negro y subidas en sus tacones de aguja. Cada una con una fusta en la mano me fueron conduciendo hasta el gabinete con suaves, pero enérgicos, golpecitos en mi trasero. Me desnudaron y me ataron al cabecero metálico de una cama enorme, enfundada en una sábana suave de color burdeos. Luego me vendaron los ojos.
Estaba excitado. Siempre había tenido el deseo de tener una experiencia sadomasoquista, pero, a medida que se acercaba el momento la excitación se mezclaba en cierto modo con el mosqueo. No las tenía todas conmigo. No estaba seguro de resistir el tratamiento. Tenía algo de miedo, la verdad, miedo y también curiosidad. Además ya no podía huir. Había pagado, que era lo de menos, pero estaba atado firmemente. No podía escapar ya.
La puerta se abrió y las pisadas resonaron en el suelo de madera. Sentí el calor de un aliento cerca de mi y un dedo enfundado en un guante bajarme desde la barbilla hasta el ombligo. Me preguntaba cómo sería. Lo que más me excitaba de las amas era su vestimenta y su maquillaje. Siguió jugeteando, ahora con mis pezones mientras me decía con claro acento andaluz que iba a sufrir. Le pedí que me quitase la venda. Quería verla.
Su voz era algo atiplada, pero firme. Me contestó que tal vez no resistiera verla trabajar. Pero yo insistía... Tarde unos segundos en adaptarme a la luz intensa. Apreté los párpados y volví a abrirlos varias veces. Sí, allí estaba, de espaldas. Escogía algún artilugio de una mesa en la que estaban extendidos látigos, esposas, grilletes, vibradores. Apartó un vibrador enorme, empecé a preocuparme. De la pared tomó una especie de escapulario de la Virgen del Rocío. Entonces se dio la vuelta.
Su melena rubia con raya al lado me resultaba familiar. Tenía el mentón pronunciado hacia afuera pero un pequeño antifaz le tapaba los ojos. Se acercó a mi sonriendo con el enorme consolador en la mano. "Cariño, esto va a entrar en tu culo", me dijo. Empecé a sentir verdadera angustia. Pugnaba por liberarme pero estaba bien atado. Pasó el artilugio cerca de mi rostro para que lo viera bien. "Te lo voy a meter entero por ahí, mi amor. Ya verás".
Mi angustia iba en aumento sentía que iba a empezar a gritar. "No, no, no...", sollozaba. Ella reía y reía. "Sí, sí, sí gilipollas. No eres más que un puto esclavo y este pollón te va a entrar hasta la empuñadura... Verás qué bien. Soy una especialista". De repente se incorporó sobre sus tacones metálicos. Agitó la cabeza para echar la melena hacia atrás riendo. Se retiró el antifaz. "No, no, no... No puede ser tú eres, tu eres, tu eres..."
"¡Manolo, Manolo qué te pasa... Manolo!". Desperte aliviado. Mi mujer, con el pelo revuelto y con cara de cabreo me miraba amenazadora. "Qué coño te pasa. Llevas no sé cuanto agitado y ahora gritas y lloras. Joder". "No te lo puedo contar, porque no te lo ibas a creer". "Prueba". "Vale...Fátima Bañez me quería meter por el culo un consolador de más de 50 centímetros"."Ostras, Manolo. Que cosas más raras sueñas... O, pensándolo bien, igual no son tan raras... Anda duerme, que hoy es domingo". Me di la vuelta aliviado y me dormí.
Sus dos ángeles negros me habían preparado. Me recibieron enfundadas en látex negro y subidas en sus tacones de aguja. Cada una con una fusta en la mano me fueron conduciendo hasta el gabinete con suaves, pero enérgicos, golpecitos en mi trasero. Me desnudaron y me ataron al cabecero metálico de una cama enorme, enfundada en una sábana suave de color burdeos. Luego me vendaron los ojos.
Estaba excitado. Siempre había tenido el deseo de tener una experiencia sadomasoquista, pero, a medida que se acercaba el momento la excitación se mezclaba en cierto modo con el mosqueo. No las tenía todas conmigo. No estaba seguro de resistir el tratamiento. Tenía algo de miedo, la verdad, miedo y también curiosidad. Además ya no podía huir. Había pagado, que era lo de menos, pero estaba atado firmemente. No podía escapar ya.
La puerta se abrió y las pisadas resonaron en el suelo de madera. Sentí el calor de un aliento cerca de mi y un dedo enfundado en un guante bajarme desde la barbilla hasta el ombligo. Me preguntaba cómo sería. Lo que más me excitaba de las amas era su vestimenta y su maquillaje. Siguió jugeteando, ahora con mis pezones mientras me decía con claro acento andaluz que iba a sufrir. Le pedí que me quitase la venda. Quería verla.
Su voz era algo atiplada, pero firme. Me contestó que tal vez no resistiera verla trabajar. Pero yo insistía... Tarde unos segundos en adaptarme a la luz intensa. Apreté los párpados y volví a abrirlos varias veces. Sí, allí estaba, de espaldas. Escogía algún artilugio de una mesa en la que estaban extendidos látigos, esposas, grilletes, vibradores. Apartó un vibrador enorme, empecé a preocuparme. De la pared tomó una especie de escapulario de la Virgen del Rocío. Entonces se dio la vuelta.
Su melena rubia con raya al lado me resultaba familiar. Tenía el mentón pronunciado hacia afuera pero un pequeño antifaz le tapaba los ojos. Se acercó a mi sonriendo con el enorme consolador en la mano. "Cariño, esto va a entrar en tu culo", me dijo. Empecé a sentir verdadera angustia. Pugnaba por liberarme pero estaba bien atado. Pasó el artilugio cerca de mi rostro para que lo viera bien. "Te lo voy a meter entero por ahí, mi amor. Ya verás".
Mi angustia iba en aumento sentía que iba a empezar a gritar. "No, no, no...", sollozaba. Ella reía y reía. "Sí, sí, sí gilipollas. No eres más que un puto esclavo y este pollón te va a entrar hasta la empuñadura... Verás qué bien. Soy una especialista". De repente se incorporó sobre sus tacones metálicos. Agitó la cabeza para echar la melena hacia atrás riendo. Se retiró el antifaz. "No, no, no... No puede ser tú eres, tu eres, tu eres..."
"¡Manolo, Manolo qué te pasa... Manolo!". Desperte aliviado. Mi mujer, con el pelo revuelto y con cara de cabreo me miraba amenazadora. "Qué coño te pasa. Llevas no sé cuanto agitado y ahora gritas y lloras. Joder". "No te lo puedo contar, porque no te lo ibas a creer". "Prueba". "Vale...Fátima Bañez me quería meter por el culo un consolador de más de 50 centímetros"."Ostras, Manolo. Que cosas más raras sueñas... O, pensándolo bien, igual no son tan raras... Anda duerme, que hoy es domingo". Me di la vuelta aliviado y me dormí.
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