jueves, 21 de febrero de 2013

Al despertar

Al despertar no había nadie a mi lado, ni mi mujer ni mi perra. La oscuridad, solo penetrada por los rayos de luz fría que entraban por las rendijas de la persiana, era inusualmente silenciosa. Pensé en incorporarme, pero me encontraba atado a la cama por las ligaduras invisibles del desánimo. Sentí resbalar lágrimas por las mejillas. Sentí mi cuerpo saltar por los espasmos de los sollozos. El frío me invadió... Empecé a recordar. No tengo mujer, no tengo perra, no aguantaron a mi lado, demasiada tristeza. No tengo casa, no tengo cama, no tengo nada. Solo un albergue del que tengo que salir en cuanto suene la señal. Pero hoy todo va a cambiar. Me vestiré en un rato, cogeré la mochila, saldré a la calle y caminaré junto al mar por el paseo hasta llegar al borde del espigón. Hoy me espera una sirena... Ya oigo su dulce canto de llamada.

domingo, 27 de enero de 2013

Luna

Llegó a casa hace tres días metida en una jaula en una furgoneta, acobardada y sucia. Cuando la vi pensé que iba a ser complicado hacer salir de allí a aquella cachorra. Los ojos desconfiados que me miraban desde el rincón más alejado de la estrecha prisión me recomendaban tener cuidado. El transportista que la traía desde Sevilla me aseguró que todo el viaje había estado así, temblorosa y apretada contra la parte trasera de aquel trullo de transporte.

Firmé los papeles y me decidí a acercarle la mano. Se mantuvo inmóvil. Miraba a ninguna parte. Yo no las tenía todas conmigo. Según me habían dicho tenía once meses, pero desconfiaba de ella. Poco a poco, mientras le hablaba, llegué a tocarla justo junto su oreja. Permaneció como una estatua. Empecé a acariciarla. Nada: de piedra. Le puse el collar y enganché la correa... Un tenue tirón y de repente saltó de la jaula.

A mi paso, sin adelantarse, dócil, entró en el portal. Dudó un poco para meterse en el ascensor, pero entró. Se hizo un ovillo en un rincón. Un pequeño tirón y salió. Abrí la puerta de casa y la solté. encontró un lugar junto a la mesa de la cocina. Allí se quedó, con la mirada vacía, igual que una esfinge. 


Ahora empezaba el trabajo de hacerle coger confianza. No comió ni bebió en todo el día. Se dejaba acariciar, sacar a la calle a hacer sus necesidades, llevar a un lado y a otro de la casa... Pero todo obligada. Por si misma permanecía hierática en el mismo sitio en que se había echado por primera vez. Nos fuimos a dormir pero dejamos la puerta abierta. Al despertarnos estaba echada en la alfombra junto a nuestra cama. En cuanto hicimos ademán de levantarnos, volvió a su sitio. Durante la noche había comido algo y bebido agua.

Al día siguiente tocó baño y desparasitación. Siguió ignorándonos todo el día... A la calle, al ascensor, a casa. Pero el olor de un cocido la hizo reaccionar. Se sentó cerca de nosotros mientras comíamos. Durante toda la tarde permaneció sumida en su soledad, sumergida en su tristeza perruna. Al despertarnos al día siguiente, de nuevo en la alfombra.

Me puse el desayuno y se obró el milagro. Se levantó de su refugio sin murallas y se sentó junto a mi. Le di un trozo de galleta María que aceptó. Me miró a los ojos y le dí más. Terminé el café y me fui un rato a trabajar a mi despacho. Minutos después sentí unos pasos. Miré hacia atrás y allí estaba, en la puerta con la mirada clavada en la mía. Pasó y se echó a mis pies. Suspiró, y se quedó dormida junto a mi. Se había obrado el milagro. Me aceptaba, nos permitía acogerla. La tristeza de la mirada se cambiará pronto por alegría. Es cuestión de tiempo. Gracias por adoptarnos, Luna.


sábado, 8 de diciembre de 2012

Élites

Las élites existieron siempre. Uno va a un pequeño pueblo en cualquier parte y siempre hay alguien que tiene más predicamento, que tiene más influencia, que vive mejor, en definitiva. Siempre me pregunté que habría que hacer para pertenecer a esa élite. A lo mejor incluso pertenezco a alguna a los ojos de los que son más desfavorecidos. Pero no creo...

Pertenecer a una élite es también una cuestión de actitud personal elitista. Una actitud como de no tener intención de mezclarse con otros. Una cosa como si la relación con los demás fuera a estropearte el flequillo. Es una pose, una postura, como la de Aznar en cualquier foto, que todo parece que le huele mal, que te incita a separarte de él si estás cerca. Hay otros ejemplos de esta actitud en otros segmentos de la podrida política nacional e internacional. Pero es que el amigo Aznar tiene una cara de asco que lo pone en cabeza de las personas elitistas y desagradables. Cómo nadie pudo haber metido una papeleta en una urna para elegirlo...

Puede que lo que se espere de un político aguerrido sea precisamente su aspecto de militar distante. Aznar adopta poses iguales a las de Franco, Hitler o Stalin. Poses caudillistas que gustan tanto a la población indígena en España. Que gustan tanto a la misma chusma (con perdón) que iba a la plaza de Oriente a vitorear a Franco o que reían y jaleaban, pocos años más tarde, los comentarios graciosos de Alfonso guerra cuando hablaba de la derechona.

Vivimos en el país más complejo del mundo, sin duda alguna. Todavía no puedo entender como no nos desintegramos todavía y pasamos a ser un territorio de tribus salvajes... Algo bueno tendremos oculto.Muy, muy oculto...

lunes, 3 de diciembre de 2012

Actitudes

Ayer en un grupo de facebook de mi ciudad, en el que tonteo de cuando en cuando, pedí explicaciones a los administradores sobre la absoluta permisividad con las formas de algunos miembros, que hacen descalificaciones personales de otros integrantes por el mero hecho de ser de opinión diferente a la de ellos.

La permisividad es una actitud de moda. Es un asunto parecido a aquello de la tolerancia. No permitir, o no tolerar es carca y trasnochado, sin embargo, lo contrario, es decir, permitir y tolerar resulta moderno y progresista. De donde coño se habrá sacado una idea semejante. ¿Es carca no tolerar que un vecino ponga música a todo volumen en la madrugada? ¿Es algo trasnochado no permitir carreras de coches en una autopista? No, claro que no.

Yo propongo que en lugar de permitir o tolerar, se utilice otro verbo: respetar. Este verbo es claro como el agua (clara, claro). Es siempre positivo. Veamos algunos ejemplos:

1) Debe respetarse el descanso de las personas en la noche

2) Respetar las normas de circulación es obligatorio

3) Respetar las opiniones de los demás es deseable

4) No respetar la dignidad de las personas está prohibido en este foro

Y muchas más. Por eso yo prefiero que se exija respeto a esa cosa moderna de permitir o tolerar. A quien me respeta se lo tolero y se lo permito todo. A quién no lo hace lo trato como un proscrito.

Y ya está.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Alivio

Allí estaba con los ojos vendados y atado a la cama con ligaduras de cuero. Desnudo y amordazado, esperaba la llegada de ella, el ama.

Sus dos ángeles negros me habían preparado. Me recibieron enfundadas en látex negro y subidas en sus tacones de aguja. Cada una con una fusta en la mano me fueron conduciendo hasta el gabinete con suaves, pero enérgicos, golpecitos en mi trasero. Me desnudaron y me ataron al cabecero metálico de una cama enorme, enfundada en una sábana suave de color burdeos. Luego me vendaron los ojos.

Estaba excitado. Siempre había tenido el deseo de tener una experiencia sadomasoquista, pero, a medida que se acercaba el momento la excitación se mezclaba en cierto modo con el mosqueo. No las tenía todas conmigo. No estaba seguro de resistir el tratamiento. Tenía algo de miedo, la verdad, miedo y también curiosidad. Además ya no podía huir. Había pagado, que era lo de menos, pero estaba atado firmemente. No podía escapar ya.

La puerta se abrió y las pisadas resonaron en el suelo de madera. Sentí el calor de un aliento cerca de mi y un dedo enfundado en un guante bajarme desde la barbilla hasta el ombligo. Me preguntaba cómo sería. Lo que más me excitaba de las amas era su vestimenta y su maquillaje. Siguió jugeteando, ahora con mis pezones mientras me decía con claro acento andaluz que iba a sufrir. Le pedí que me quitase la venda. Quería verla.

Su voz era algo atiplada, pero firme. Me contestó que tal vez no resistiera verla trabajar. Pero yo insistía... Tarde unos segundos en adaptarme a la luz intensa. Apreté los párpados y volví a abrirlos varias veces. Sí, allí estaba, de espaldas. Escogía algún artilugio de una mesa en la que estaban extendidos látigos, esposas, grilletes, vibradores. Apartó un vibrador enorme, empecé a preocuparme. De la pared tomó una especie de escapulario de la Virgen del Rocío. Entonces se dio la vuelta.

Su melena rubia con raya al lado me resultaba familiar. Tenía el mentón pronunciado hacia afuera pero un pequeño antifaz le tapaba los ojos. Se acercó a mi sonriendo con el enorme consolador en la mano. "Cariño, esto va a entrar en tu culo", me dijo. Empecé a sentir verdadera angustia. Pugnaba por liberarme pero estaba bien atado. Pasó el artilugio cerca de mi rostro para que lo viera bien. "Te lo voy a meter entero por ahí, mi amor. Ya verás".

Mi angustia iba en aumento sentía que iba a empezar a gritar. "No, no, no...", sollozaba. Ella reía y reía. "Sí, sí, sí gilipollas. No eres más que un puto esclavo y este pollón te va a entrar hasta la empuñadura... Verás qué bien. Soy una especialista". De repente se incorporó sobre sus tacones metálicos. Agitó la cabeza para echar la melena hacia atrás riendo. Se retiró el antifaz. "No, no, no... No puede ser tú eres, tu eres, tu eres..."

"¡Manolo, Manolo qué te pasa... Manolo!". Desperte aliviado. Mi mujer, con el pelo revuelto y con cara de cabreo me miraba amenazadora. "Qué coño te pasa. Llevas no sé cuanto agitado y ahora gritas y lloras. Joder". "No te lo puedo contar, porque no te lo ibas a creer". "Prueba". "Vale...Fátima Bañez me quería meter por el culo un consolador de más de 50 centímetros"."Ostras, Manolo. Que cosas más raras sueñas... O, pensándolo bien, igual no son tan raras... Anda duerme, que hoy es domingo". Me di la vuelta aliviado y me dormí.

viernes, 3 de agosto de 2012

Mi médico

En uno de esos raros días de consultas vacías, mi médico, a quien casi no conocía charló un rato conmigo. La puerta de la consulta abierta, en el recibidor nadie a la espera; en el despacho, una mesa sencilla, una camilla a la izquierda (me pregunto por qué son tan cortas), una silla esquelética para mi y un humilde sillón giratorio para él.

Me extendió las recetas que necesitaba para irme de viaje unos días, se acomodó un poco en su sitio y me miró como esperando que yo dijera algo. Claro, lo dije...

- Gastamos mucho en medicamentos, ¿eh?
- Qué va, en gasto por PIB mucho menos que en otros países que lo hacen bastante peor.

Un médico que habla de PIB a un paciente es una cosa rara, así que continué por ahí...

- Entonces, por qué recortan.

Fue como un pinchazo en una parte dolorosa. Saltó como un tigre.

- Porque son una pandilla de hijos de puta que gastaron de más en todo y no preservaron lo que no se puede tocar: lo de la escuela y lo de la salud.

- Ya pero es que es mucho dinero
- Tienen dinero a espuertas pero no tienen huevos a quitar de otros sitios para no tocar esto. Tú no tienes por que pagar con tu salud las decisiones económicas de cualquier imbécil metido a político.

 Estaba encendido. Yo continué.

- Coño, pero algo de derroche hay en este negocio vuestro. No está mal apretar un poco.
- Claro, y aprieta el político que es un entendido en salud de toda la vida. Para hacerlo mejor, que se puede, hace falta reordenar cosas. De acuerdo, se puede ahorrar, pero hay que hacerlo con criterio.

 Sentí algo detrás de nosotros y por el rabillo del ojo vi que alguien entraba en la zona de espera. Así que corté.

- Tienes toda la razón. Por cierto, fue un placer poder hablar contigo de cincuentón a cincuentón. Nunca habíamos podido.
- Claro, me espetó, porque nos obligan a hacer lo que no se debe. La base de la medicina no es el reconocimiento de los síntomas, es el diálogo con el paciente. Si habláramos más con vosotros probablemente se necesitaría recetar menos... somos máquinas de firmar sin sentido. Despachamos un paciente cada 7 minutos o menos. Una puta mierda, vamos...
- Bueno, tengo que irme... Hasta la vuelta, y sosiégate.

Joder con mi médico, tiene mala leche... Qué bueno. Menos mal que todavía hay gente normal.

martes, 1 de mayo de 2012

Declaración fundacional

Creo en las personas más que en las organizaciones porque estas, al final son una consecuencia de la iniciativas particulares de aquellos que sienten la necesidad de hacer mejorar al grupo al que pertenecen. Las organizaciones tienen como objetivo sumar esfuerzos. Los seres humanos hemos aprendido que si trabajamos juntos, la suma total obtenida es mayor que la suma de las partes, contraviniendo los principios matemáticos. Pero, en todos los casos, la persona es el agente motriz.

Creé este blog porque quiero que todo aquel que tenga algo que decir, que explicar o que compartir pueda hacerlo aquí libremente. Este es un espacio abierto de expresión personal diversa. A cambio se exige tan solo un mínimo estilo en la escritura y, sobre todo, un escrupuloso respeto por la diversidad. Por lo demás no hay reglas. Puede tratarse cualquier tema: político, social, cultural, simplemente saludar o dejar un poema, relato o frase.

El título, enfoques 21, quiere simbolizar la diversidad de las ideas, de las visiones, de las opiniones y de las sensibilidades que, aunque siempre existió, había estado oculta tras la cortina de los canales tradicionales de comunicación, casi siempre cargados de intereses particulares. Esta diversidad puede aflorar ahora gracias a la libertad que proporcionan las tecnologías de comunicación del siglo 21. Enfoques 21 quiere ser ese sitio que permita a todos dejar su visión de las cosas sabiendo que, sea la que sea, siempre va a ser respetada.

Bienvenidos todos

Jesús Arribas
Administrador